Vegetales

Otros nombres comunes son amargón, cardo lechero, cazapuercos, panes de pastor, planta brújula o serrallones.
Su nombre científico es Lactuca serriola
Es la especie salvaje de la lechuga que nos comemos en las ensaladas. En general, son plantas asociadas a suelos abonados por los usos agropecuarios y la actividad humana. Muy abundante en los alrededores de los pueblos, zonas de cultivo y bordes de camino. Se puede observar con frecuencia durante el verano. Si a la cultivada la dejáramos espigar observaríamos la enorme similitud entre una y otra. Pero en la doméstica no hallaremos espinas. No es fácil creer que los cogollos que nos comemos sean descendientes de una planta que pincha tanto. Pero así es, porque la lechuga silvestre, al nacer, también ofrece sus primeras hojas tiernas y comestibles, agradablemente amarguillas, pronto desarrolla un tallo duro con aspecto de estar seco y unas cerdas como púas que cubren tallo y hojas que producen una leche aceitosa de olor peculiar.
Es una planta de cierta altura pero de poco cuerpo. El tallo de la lechuga silvestre es duro y macizo casi leñoso, liso y blancuzco como si lo hubieran pelado, poblado de espaciadas cerdas espinosas, más abundantes en la parte inferior. Realmente parece seco, pero si le haces un corte brota un líquido blanco como la leche, que huele a aceite rancio. Ese latex se sospecha que puede cumplir diferentes funciones además de espantar a los herbívoros, como protegerse de enfermedades, acumular reservas de nutrientes y otros.
Posee una raíz en forma de rizoma fino y ramificado.
Las hojas carecen de rabillo y se abrazan al tallo con dos aletas de arpón. Estratégicamente ladeadas, con el canto hacia el cielo, alternan en un sólo plano a uno y otro lado del eje del tallo. Así evitan la contundencia del sol veraniego y ahorran agua. A veces se contorsionan para esconderse aún más de los rayos solares. Por ello se le denomina planta brújula. Carnosas y jugosas al principio, se vuelven correosas, tiesas, en forma de sierra o cuchilla de rígido cuero verde. Un nervio de color claro, ancho y prominente. El borde es aserrado con dientes grandes y otros intercalados más pequeños, unos y otros coronados de pequeños pinchos. Hay ejemplares con las hojas enteras y otros con las hojas de profundos gajos. Se cree que el contorno sinuoso evita aún más la evaporación.
Florece de junio a agosto. Desarrolla muchas flores compuestas al final de los tallos. Cada una es como una tulipa de hojillas verdes tiznadas de manchas granate que, tras estrecharse por arriba, se abre de repente y se despliega en una corona de diez a veinte pétalos amarillos de cinco puntas. Cada pétalo corresponde a una flor simple. Es su parte visible. Lo que no vemos, por estar en el interior de la tulipa o receptáculo, es un tubillo largo y delgado.
Su fruto es tipo aquenio de forma ovoide alargado, fuertemente comprimido, al desarrollarse completamente producen un vilano blanco de pequeño tamaño y flexible. Cuando llega a la cima de la madurez las semillas salen volando como otros vilanos.
Los humanos supieron domesticar a la salvaje consiguiendo que perdiera las espinas y desarrollara las hojas de la base, que atadas se engrosaran y son las que nos comemos. Las lechugas que tanto apreciamos son ricas en vitaminas y en minerales. Agradable al paladar y refrescante.
Comenzó a domesticarse en el Mediterráneo oriental y, a lo largo de los siglos, se han derivado gran cantidad de variedades de las que podemos disfrutar actualmente: entre ellas la lechuga romana, la rizada, la acogollada o repollada y la curiosa espárrago lechuga de origen chino y de la que se consumen hasta los tallos. La lechuga de hojas de roble no procede sorprendentemente de nuestra lechuga salvaje, sino de otra especie silvestre también nuestra, la achicoria. Su cultivo era habitual entre griegos y latinos.
El nombre de Lactuca en latín y lechuga en castellano es algo así como un despectivo de leche o leche borde. El latino ya lo usan autores como Plinio y Columela. Además de lechuga silvestre, también tiene algunas denominaciones muy expresivas en castellano.
El nombre de Lechuguino se utiliza tanto para una lechuga germinada en el semillero y dispuesta para ser trasplantada, como de aquel “joven afectadamente elegante y presumido” según María Moliner.
En medicina popular se aplicó en muchas dolencias, desde para combatir el dolor, como digestivo, contra la tos o para calmar los nervios. Y si te restriegas con su jugo lechoso, segregado cuando entallece, desaparecen las verrugas. Los romanos pensaban que si la comías por la noche te ayudaba a conciliar el sueño. Antes que ellos ya nos aportó Dioscórides algunas otras bondades: “…En suma, la lechuga salvaje provoca sueño, mitiga el dolor, atrae el menstruo, y bébese útilmente contra las picaduras del alacrán y mordeduras de araña. Su simiente bebida como aquella de la doméstica, ataja los sueños venéreos y reprime el desordenado apetito de fornicar”.
El lactucario o latex es un medicamento natural parecido al opio por sus propiedades y cualidades físicas, pero con menos agresividad y contraindicaciones. Se obtiene de la lechuga espigada, haciendo incisiones en su tallo y desecado al sol. Es pardo, quebradizo, de olor fétido y sabor amargo, y se usa como medicamento calmante. No se recomienda su uso casero debido a su potencial toxicidad.

Bibliografía
https:/asturnatura.com/
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