Fauna

También llamado Sapo común ibérico.
Su nombre científico es Bufo spinosus.
El sapo común es el anfibio de mayor tamaño de la Península Ibérica. Las hembras son más grandes que los machos. Pasa el invierno enterrado y es activo principalmente durante noches húmedas o la época de reproducción.
Es un anfibio sin cola, es decir un anuro, de aspecto robusto y gran tamaño con hasta 12 cm de longitud total en los machos y 14 cm en las hembras.
Su piel es rugosa y con abundantes verrugas que le cubren todo el cuerpo, de ahí el nombre.
La especie vive en casi cualquier hábitat aunque es más frecuente en zonas de matorral boscosas
Como rasgos más distintivos podemos citar que su cabeza no es muy grande en relación con el cuerpo, aunque sí muy ancha con los ojos muy pronunciados, tiene una coloración muy variable en la que predominan los tonos pardos o los rojizo-anaranjados, los ojos tienen pupilas horizontales con el iris rojizo.
Como otros sapos posee las glándulas parótidas que son unas glándulas ubicadas detrás del ojo y sobre el tímpano y que sirven para segregar toxinas defensivas frente a los depredadores, pero en los sapos espinosos son muy patentes, grandes y oblicuas.
Los adultos son nocturnos, prefieren zonas terrestres acudiendo al agua únicamente para reproducirse. Tienen gran capacidad de desplazamiento y pueden recorrer cada año varios kilómetros para volver al mismo punto de reproducción. Se alimentan de gran variedad de invertebrados, principalmente artrópodos, y ocasionalmente pueden capturar otros anfibios. Los renacuajos son herbívoros, aunque también aprovechan la carroña. Para la reproducción suele usar pequeños cursos de agua, lentas o calmas, pero con cierta profundidad y también grandes charcas, balsas o estanques. Los machos llegan cada temporada de cría a los puntos de agua a finales del invierno, siempre antes de que lo hagan las hembras. Una vez allí las atraen emitiendo un modesto canto, tras el que tiene lugar la fecundación que realizan con un abrazo en el que el macho se monta sobre la hembra, es el momento en el que el macho fertiliza un largo cordón de huevos que la hembra deposita en el agua. A veces, se producen duras luchas entre distintos machos por una misma hembra. Una sola hembra puede poner hasta 8.000 huevos que, tras una o dos semanas, dará lugar a muchos pequeños renacuajos oscuros. Las larvas completan su desarrollo entre 2 y 4 meses, tras los que sufren una metamorfosis que los convertirá en diminutos sapos que acabarán creciendo y alcanzado un tamaño bastante grande.
Las larvas son pequeñas, de menos de 3,5 cm de longitud total, de color negro brillante, con pequeñas motas doradas o plateadas.
No está incluido en el Listado Andaluz de Especies en Régimen de Protección Especial, lo cual no quiere decir que no esté protegido. Sus poblaciones han sufrido un importante declive debido a las transformaciones del hábitat, sobre todo en zonas agrícolas, y a la pérdida general de pequeñas masas de agua, por diferentes causas. Además, cada año se registran cuantiosas bajas por atropellos en carreteras.
A pesar de moverse lentamente y parecer algo torpe, el sapo común es capaz de desarrollar diferentes estrategias para hacer frente a sus depredadores. La primera es la secreción de sustancias tóxicas gracias a sus glándulas parótidas. Estas “bufotoxinas” suelen extenderse por toda la piel y hacerla muy desagradable. La segunda es aumentar considerablemente de tamaño. Lo consigue al retener aire y levantar las patas traseras, a la vez que bajar la cabeza. Los sapos comunes son depredados por culebras de agua, varias especies de aves rapaces y por la nutria, que antes de devorarlo ha aprendido a retirarle la piel como si fuera un guante que vuelve del revés, evitando así su desagradable sabor.
Se encuentra ampliamente distribuido por toda la comunidad autónoma, adaptándose a bosques, zonas de cultivo, huertos y áreas cercanas a puntos de agua.
Bibliografía
http://anfibios-reptiles-andalucia.org/

