Vegetales
Daphne gnidium

Nombres populares con los que también se conoce torvisca, matapollo, torovisco.
Planta de la familia Malvaceae.
El nombre genérico, Daphne, se debe a la ninfa que, perseguida por Apolo, acabó convertida en laurel. El epíteto específico gnidium alude a Gnidus, una ciudad de Creta.
Es una planta distribuida por la región mediterránea. Está presente en casi toda la península Ibérica, el archipiélago canario y balear, norte de África; crece entre matorrales, pinares y terrenos no cultivados desde el nivel del mar hasta más de mil metros de altitud.
El torvisco es un arbusto perenne muy ramificado que alcanza hasta 2 m de altura. Las ramas, muy delgadas, están cubiertas en casi toda su longitud por hojas que se disponen de manera alterna sobre ellas, todas dirigidas hacia arriba. Las hojas son de forma linear-lanceoladas, agudas, coriáceas, glabras (es decir sin pelo) con un corto peciolo. Las flores se agrupan en inflorescencias del tipo panícula y son de color blanquecino, amarillento o rosado. Florece al final del verano y en el otoño. El fruto es anaranjado o rojo y de forma ovalada.
Un estudio genético a nivel mundial realizado por el Jardín Botánico de Madrid indica que el torvisco tiene un origen de más de 4 millones de años. En ese estudio, destaca también que esta planta, es conocida por sus propiedades medicinales, uso industrial y alta toxicidad. Por ese estudio se sabe que todas las especies del género Daphne se originaron hace unos 35 millones de años, llegaron a la península ibérica en distintas oleadas desde entonces, el torvisco evolucionó en condiciones muy secas como muchas especies que observamos en la actualidad (olivo silvestre, encina, madroño, etc.), pero que hace tan solo unos pocos miles de años colonizó las Islas Canarias.
A pesar de ser una planta conocida y fácilmente reconocible, porque sus hojas se utilizan para teñir lana y seda de color amarillo y su corteza se emplea en cestería y que en muchos lugares es conocida popularmente como ‘matagallinas’ porque su corteza produce una especie de resina que, al contacto con la piel o las mucosas, provoca una fuerte irritación y sus frutos, una especie de baya, son altamente tóxicos, prácticamente se desconoce su historia evolutiva.
El torvisco cuenta con una serie de características propias del denominado “síndrome esclerófilo”, como son la presencia de hojas duras y resistentes, flores pequeñas poco desarrolladas y frutos carnosos. Características que son compartidas por un gran número de especies de nuestra flora mediterránea tales como el algarrobo, la encina, el lentisco y el madroño.
Tradicionalmente, se ha considerado que las especies que presentan síndrome esclerófilo tienen un origen temporal que precede al clima mediterráneo, el cual se estableció en nuestras latitudes hace tan solo 2,8 millones de años. En tiempos pre-mediterráneos, la vegetación dominante era de tipo subtropical, bien adaptada a condiciones climáticas cálidas y húmedas.
El inicio de la estacionalidad con veranos secos que caracteriza el actual clima mediterráneo debió tener un fuerte impacto en nuestra flora, de modo que solamente unos cuantos linajes fueron capaces de escapar de la extinción. Sin embargo, los linajes pre-mediterráneos supervivientes parecen haber perdido su capacidad de generación de nuevas especies bajo las nuevas condiciones climáticas.

En el caso del torvisco, en el estudio llevado a cabo los investigadores establecen la primera filogenia datada en el tiempo del género Daphne utilizando secuencias de ADN nuclear de 16 géneros de la familia Thymeleaceae y de 30 especies del género Daphne. Además, el estudio incluye un amplio muestreo geográfico y taxonómico dentro de la especie Daphne gnidium, con secuencias nucleares y plastidiales de las tres subespecies actualmente aceptadas (D. gnidium subsp. gnidium, D. gnidium subsp. mauritanica y D. gnidium subsp. maritima). Los resultados del estudio muestran que el Torvisco es una especie de origen antiguo que divergió de su grupo hermano hace alrededor de 4 millones de años. Esto implica que la especie estaba presente en nuestras latitudes antes del establecimiento del clima mediterráneo, sin evidencias de especiación posterior. El análisis de los patrones geográficos de la variabilidad genética en Daphne gnidium muestra que la diferenciación dentro de la especie comenzó mucho después de la apertura del estrecho de Gibraltar, unos 5,33 millones de años.
Lo más sorprendente de este matorral son sus propiedades y los usos tradicionales que se ha dado a esta planta. Es la mejor especie vegetal de la península Ibérica para hacer ligaduras, su corteza es una cuerda natural por su flexibilidad y resistencia, pudiéndose hacer nudos muy firmes. La correa o corteza de torvisco es especialmente indicada para fijar y atar los injertos de los frutales en algunos pueblos. También se ha usado para atar los zapatos.
Planta reconocida por la población como de toxicidad media. Cuando se han referido sus distintos empleos veterinarios o medicinales, se aludió siempre a su toxicidad y a su prohibición de empleo por vía interna, salvo en determinados casos en los que se especificó usar dosis muy bajas y en tomas únicas.
Ha sido usado como amuleto y repelente de malos espíritus desde la prehistoria. En Galicia se creía que protegía contra las brujas. En algunas zonas de Zamora se acostumbra a atarle una correa de corteza de torvisco a la cola de los corderos como remedio para frenar la descomposición estomacal; también es conocido su valor como insecticida en el gallinero, manteniendo a las gallinas a salvo del piojillo. Esta especie ha sido empleada desde tiempos inmemoriales como medio de pesca en lagunas y arroyos, su resina tóxica se disuelve en el agua, por lo que echando ramas de esta planta se envenenaba a los peces que, después de dos o tres horas, sólo había que recoger. Esta forma de pesca se llama entorviscar. La resina de esta planta actúa como un potentísimo purgante, por lo que es poco recomendable su uso, ni aun extremando la prudencia. El torvisco es considerado venenoso, ya que puede producir ampollas en la piel tras un prolongado contacto. Sus frutos (popularmente llamados uvas de torvisco), son comidos por cabras y animales silvestres como las perdices. En ciertos pueblos de la provincia de Málaga la corteza se aplica para los dolores de dientes. En Sierra Morena, nos dicen que se usó, para extraer correas de torovisco que se utilizaban en el cosido de chivos, corderos después de la castración para ligar el conducto espermático, con efecto antihemorrágico. En la isla de Tenerife los vegetales empleados por los campesinos para el tratamiento del cordón umbilical de los recién nacidos fueron la manzanilla, la torbisca, la alhucema, tabaco polvo, aceite y ruda. Para ayudar a las cabras y ovejas a echar las parias o las pares (expulsión de la placenta tras el parto) existe la difundida creencia de atar a la barriga del animal un cordel o correa de torvisco, hecho con la corteza de planta. Existen variaciones en función de la sierra o del ganadero; por lo general se ata el cordel a la barriga, otros lo hacen al cuello y en alguna ocasión le atan tres: en la cola, alrededor del vientre y en el cuello, para darle mayor efectividad. En ocasiones se ata al cordel de torvisco una piedra para que esté tenso y ayude a tirar. Otros ganaderos también perseguían el efecto dando de beber la decocción de su corteza con ruda y matagallo. También se ha hecho con vacas, atando varios cordeles del cuello, panza y cola. Para la diarrea de los perros se hace igual. La tradición popular habla del torvisco como un abortivo y para los piojos en personas
En Íllora y Montefrío (Granada), en los entornos rurales, realizaban con la planta un amuleto o escapulario para evitar el mal de ojo. Consiste en elaborar una pequeña cruz con dos trozos de una rama de la planta descortezados, atados con la corteza. La cruz se metía en una talega o bolsa de tela y se colgaba al cuello o en los bolsillos de la ropa, para llevarla siempre encima.
Otro rito para resolver el mismo mal, en niños pequeños (de edad comprendida entre 5 y 10 meses), consiste en pesar al niño con torvisco, esto es, ponen al niño en un brazo de una balanza y en el otro brazo se pone torvisco hasta equiparar el peso, si falta algo de torvisco, se puede completar el peso con pan y sal. Todo el contrapeso se envuelve en un trapo y se deposita en un cruce de un camino, de madrugada antes de que salga el sol. Este rito debe hacerse fuera de la casa para que sea efectivo.

Bibliografía
https://medioambiente.malaga.eu
rjb.csic.es







